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DOLOR Y MUERTE, UN RITUAL DE DESAPEGO Y TRASCENDENCIA

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Dedico esta carta a mis padres, aunque creo que muchos seres podrán beneficiarse de ella. Quiero transmitir mis experiencias sobre el dolor y la muerte para ayudar a quienes se hallan en esos túneles que aparentan no tener fin, para comunicar que sí, hay siempre esperanza y luz al fondo. Para eso he tenido que morir más de una vez. La muerte nos habita: como decía San Francisco es nuestra hermana, es el broche final a una vida de trabajo y esfuerzo. El regalo del umbral último que nos abre paso a nuevas dimensiones de conciencia. Cada día mueren y nacen células en nuestro cuerpo, la piel, los órganos, todo tiene en este templo caduco su inicio y su final en sucesión, sin embargo la conciencia permanece incluso cuando se deja el habitáculo físico.

La enfermedad y la vejez son rituales de pasaje. En las antiguas sociedades esta fase se vivía con dignidad, los ancianos eran considerados los verdaderos celadores del conocimiento ancestral, antes de que existieran los libros y la memoria digital. Por ello eran respetados y considerados poderosos. Desgraciadamente el ser humano fue perdiendo el vínculo con la naturaleza y se olvidó de estas sagradas verdades, pasando a considerarlos, por necesidades materialistas, un estorbo, una carga inútil. Indudablemente esto genera depresión senil y diversas dolencias que podríamos llamar sociales. Existe una aversión a lo viejo, se compran productos nuevos en lugar de mantener y recuperar lo existente. En esa ola de consumismo desaforado, no se invierte en reparar sino en rápidamente comprar un sustituto. Cuando el cuerpo de un ser humano va perdiendo su vigor, no existe en esta sociedad un lugar donde pueda depositar todo el valor acumulado de su existencia: la sabiduría que no puede hallarse en los libros y que inevitablemente se pierde si no es transmitida de generación en generación.

El dolor es para los místicos apenas un pasaje de transmutación espiritual. Mediante la enfermedad, el ayuno, la vigilia, las llagas y los estigmas, los santos subliman el dolor en nombre de un Bien mayor, por fe, por amor a Cristo. No he hallado en otras religiones no tienen un tratamiento del dolor como vía ascética o de transcendencia, por eso traigo a colación la cristiana.

Cómo esta comprensión puede ayudar a las personas que se encuentran en su edad dorada es lo que vengo a compartir. La vida es un presente donde ponemos en acción nuestro libre albedrío buscando nuestra felicidad y realización. A veces se cometen errores, o también llamados pecados. Yo prefiero llamarlos lecciones. La diferencia entre un error y una lección es que del primero no se aprendió y tiende a repetirse. Los desafíos que vamos encontrando en el camino son oportunidades de aprendizaje, las crisis, las separaciones, la muerte de seres queridos, la pérdida de un empleo, la pobreza, son situaciones que nos colocan al borde de nuestros recursos y que necesariamente nos obligan a una adaptación y recomposición de nuestros sistemas de creencias y valores. El adolescente ve mudanzas en su cuerpo e identidad, explosiones hormonales nunca antes experimentadas que se ve obligado a aceptar como propias, integrándolas en su yo. El anciano también ve decrecer sus fuerzas y conociendo nuevos límites a sus movimientos, en rapidez y precisión, debiendo reaprender el mundo, a veces con pérdida de los sentidos (oído, vista, etc.). Sería cruel decir que todo lo que nos llega en esa fase de la vida es fruto de nuestra conducta, pero hay que reconocer que en algunos casos sí es así. Por ejemplo la ignorancia que se tenía del tipo sanguíneo o de las tendencias genéticas, hacía que enteras generaciones de familias murieran de las mismas enfermedades. Hoy esto ya es un estudio que forma parte de la cabecera de cualquier ser que quiera mantenerse saludable. La sociedad provee abundante información capaz de mejorar nuestra calidad de vida. Es preciso, desde luego, fortalecer nuestros hábitos y colocar conciencia en cada acto, desde el control en la ingesta de azúcar, hasta revisiones periódicas del corazón.

En un entorno donde uno es importante o valorado en función de lo que produce, es evidente que el anciano lleva las de perder. El descuido en la educación en valores de las generaciones de niños que están llegando, crea personas carentes de escrúpulos que un día se verán en la misma situación que sus padres y abuelos y recogerán los frutos de lo que hayan plantado.

Ahora bien, cómo se puede hacer del dolor parte y no obstáculo en una transición hacia el desencarnar. Veamos qué es la muerte. La muerte es simplemente el paso hacia una existencia no carnal. Es preciso y justo que el espíritu se vaya desprendiendo de lo que no precisará, y que vaya también cerrando los capítulos de las tareas que vino a desarrollar, tareas que podrán ser retomadas por el ímpetu de las nuevas generaciones ávidas de trabajar y dar canal a su energía vital. El éxito no está en no tener fracasos, sino en la manera en que éstos se afrontan. Por eso, afrontar con inteligencia, buen humor, quitándole importancia a las cosas que antes la tenían, para ir sutilizándonos, logrando mayor flexibilidad ante las progresivas pérdidas. Todo ello nos hará más capaces de avanzar en el camino del desapego total. Quienes logran completar ese proceso aún en vida son llamados iluminados, porque ya dejan de temer la muerte como un final.

Saber dejar ir, saber ceder el cetro, saber confiar en que el mundo seguirá su camino sin nosotros es duro, pero puede hacerse desde la alegría, vivir cada día como si fuera el último, despidiéndose, dando todo de sí, no dejando nada para mañana, para que nuestra conciencia en el momento del adiós definitivo, no se quede sufriendo por lo que dejó sin hacer. Hay algunas cosas que se quedarán inevitablemente inacabadas y debemos saber esto y hacerle espacio desde ya en nuestras vidas, comprender esa realidad y aceptarla. El ser humano es finito, aunque su espíritu sea infinito. Aceptar esta finitud es parte de la enfermedad, observar con amor el progresivo deterioro de la maquinaria en nuestros sistemas corporales, agradecerles el servicio prestado y comenzar a caminar hacia el que sabemos será nuestro destino, con dignidad, con conciencia, con calma y atención, con serena confianza. Cuanto más dolor se experimenta en el cuerpo, más luz llega. Por eso los místicos castigan sus cuerpos, en la esperanza de obtener mayores gracias en los cielos a los que aspiran por amor. Es claro que no todos tienen fe o misticismo para dar este paso, pero es cierto que cualquier persona habiendo madurado y aprendido con sabiduría sobre las experiencias atravesadas, poseerá suficientes herramientas para aproximarse a su destino.

La enfermedad terminal es en ocasiones el camino que nos conduce a ese umbral último. La cuestión no es pasar sin dolor o sin pruebas en esta existencia, sino en cómo la pasamos, si hacemos el Bien, si nos torturamos con exigencias, si no sabemos amarnos ni amar a los prójimos que llegan a nuestro lado. Créanme, el dolor de la conciencia que no está en paz es infinitamente mayor que cualquier dolor físico jamás existido, porque mientras la materia regresa a su origen, la tierra, la conciencia se eleva a los éteres con toda la carga no asimilada, no trascendida, no superada. Y esa es la verdadera muerte.

Así pues, vayamos trillando nuestro camino y plantando buenas semillas en fértiles tierras para que no nos sorprenda con el trabajo a medio hacer. Busquemos la luz sempiterna: el Maestro está con nosotros hasta el fin de los tiempos.

10/12/2008 17:46 aliciasilvestre #. bitacora Hay 1 comentario.

CAPÍTULO 1. UNA SOLA MATERIA

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Existe una sola materia, un fluido cósmico universal interconectado que forma todos los seres y sustancias que existen en el planeta. Todos formamos parte de esa única red de energía, y por eso todos los actos afectan al todo, por mínimos que sean. Espacio y tiempo son meras ilusiones del ego para afianzar su existencia, mientras que para la energía del Yo superior son apenas vagas entelequias, instrumentos rudimentarios del raciocinio y la sensibilidad corporal. El pensamiento es materia.

Dado que espacio y tiempo no existen para el mundo espiritual, que es pluridimensional, sincrónico y eterno, cualquier acto penetra las ondas de energía de lo que los humanos llaman futuro y pasado, configurando nuestro presente. Cuando el ser se percata de que posee la capacidad de actuar sobre este entramado de energía, comienza a visualizar en positivo y a vaciarse progresivamente de los llamados del ego, que son limitados y limitantes, para ir ascendiendo en la escala evolutiva espiritual hacia Dios, el supremo grado de ausencia de Ego.

 

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CAPÍTULO 2. NUTRIRSE DE LUZ.

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Los pueblos que adoran el Sol como Astro Rey ven y sienten en Él el puro efluvio de la divinidad. En su irradiación cálida sobre nuestro chacra coronario percibimos que la distancia del astro con respecto a la Tierra es perfecta, divina, pues permite la vida y la alimenta sin calcinarla. Esa medida matemática y perfecta da imagen de la divinidad, pues sólo lo perfecto puede crear obras perfectas. Por sus frutos los conoceréis: si son Hijos de la Luz, actúan iluminando, son focos de luz para sí mismos y lo que les rodea. Pero pocos tienen luz crística por sí mismos, (Maestros iniciados, ascendidos, etc.), mientras hay una gran masa media que busca la luz.

Desde el átomo inicial que fuimos y que tendía hacia la luz de un modo vegetal (heliotropía, crecer hacia arriba y hacia la luz), fuimos evolucionando en grados animales hasta llegar a la actual especie humana. Ésta se halla desarraigada, olvidada de su origen y de a quién debe su vida y su llegada hasta aquí. Todos nuestros compañeros humanos son fragmentos de aquella mónada o unidad primordial, por lo que hemos de conseguir vernos en todos ellos como en un espejo que muestra lo que somos, y hacerlo con especial interés en aquellos que no comprendemos, que son el fiel reflejo de nuestra sombra y de lo que hemos olvidado ser y están ahí para recordárnoslo. Como no se ama lo que no se comprende, es necesaria una tarea de aceptación en nosotros mismos de los errores que vemos en el otro.

En ese camino ha de aprender también a reconocer los ciclos y las polaridades del género que en todo habita, unión de opuestos complementarios (yin-yang) donde se manifiesta la esencia creadora. Esa hermandad también es una escuela transitoria en el camino hacia la Luz. Continuando el vuelo hacia el sol se dejan atrás muchas estrellas, pero el espacio es infinito y se recorre a la velocidad de la Luz. Esa chispa de luz que viaja desde su origen no puede detenerse en las estrellas que halla en el camino, creyendo que son el Maestro, pues el único maestro es nuestro corazón, sede del amor, del perdón, laboratorio alquímico y altar de nuestro Yo Superior.

El tiempo entonces es medido en calidad de avance espiritual, pues sólo en los avances de nuestra capacidad de trascendencia y de sublimación se da un paso. ¿Cómo se avanza? Soltando. Se ha de vivir en presente total (eterno), aprendiendo el desapego amoroso, caminando atentos pero con equilibrio y centrados para no aferrarse, e ir soltando y liberando para poder elevarse y liberarse. Se atrae la liberación liberando.

Existe una dimensión ulterior una vez llegados a la luz máxima (iluminación, satori). En ese estadio el trabajo de elevación consiste en un trabajo que con el mismo método de ir despejando obstáculos, va comprendiendo más (en el sentido de entender, incluir, aceptar, hacer propio, integrar) para amar más. Esa íntima comprensión no es intelectual ni proviene de estímulos externos sino que nace de la auténtica introspección, que ve la comunión de lo que está fuera con lo que está dentro, que hace de observador y observado Uno.

Este caminar se da religándose paulatinamente más y más con el Padre Celestial, siendo cada vez más cercanos a Él por nuestra vibración, (ley de vibración), ejecutando acciones mientras estamos encarnados que demuestren de quién somos Hijos, lanzando ondas de afinidad hacia el Bien, siendo canal de la pureza, la caridad, la alegría, la paz, la compasión, la templanza o rectitud, etc.

Constituye un buen ejercicio ir borrando las memorias que se tienen de esta vida, porque una vez interiorizadas, hechas nuestras no precisamos acumularlas y podemos dejar ese espacio libre para otras novedades que están por llegar. Creencias, identidades, deseos, proyectos, recuerdos, ideales, prejuicios, pertenecen a la mente estática, al pasado o al futuro imaginado: al ego. Así, el secreto no es otro que diluirlas, desvinculándose de lo que fuimos para poder abrazar integralmente lo que somos y lo porvenir. Vacíos, nuestra capacidad de recepción de luz es mayor, como decía el místico sufi Rumi: “sed una flauta silente”, canal hueco y en silencio para poder acoger la simiente de futuro, que es por definición, ilimitado. Hemos de ser capaces de desprendernos de lo que queremos que sea o lo que creemos, para ver aparecer el milagro infinito de lo que ES, que por esencia supera siempre nuestras mejores expectativas. Vaciarse completamente, porque Dios nos da “lo que nunca se nos hubiera ocurrido pedir”.

 

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10/12/2008 17:51 aliciasilvestre #. MENSAJES DE LUZ No hay comentarios. Comentar.

CAPÍTULO 3. DE LA ENERGÍA Y SUS FORMAS.

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No existe acto sin intención. Todo ser que se proclama vivo posee voluntad. Existe sin embargo el acto sin conciencia. El progresivo despertar hacia la iluminación sólo puede darse en la conciencia plena del aquí y del ahora. Al inspirar nuestro cuerpo abre su energía a todo lo que le rodea, como una flor expandiendo sus pétalos. Si esa respiración no es plenamente consciente, damos entrada a energías ignoradas y nos convertimos en presas fáciles de influencias e intenciones no conscientes. Respirar en el amor es ser consciente de esa apertura, sin cerrarnos por miedo a ser invadidos. Al espirar, soltamos todo lo que se ha inhalado y no nos pertenece, sean pensamientos, emociones, visiones. La flor es una respiración lenta y meditativa.

La cruz como símbolo en pie, nos habla de que hemos de incrustar con profundidad nuestras raíces en la tierra, conectando con nuestro origen ancestral, con lo que somos en esencia, para nunca olvidar que la materia procede de la materia y a ella regresa. El tronco central se yergue enhiesto, firme, hacia el cielo. La visión colocada en el tercer ojo permite que la energía de nuestra kundalini progresivamente se vaya educando en la permanencia hacia la luz. Cuando pasamos a explorar esa distancia entre el chacra frontal y el coronario, descubrimos pasajes hacia otras dimensiones, (del presente al futuro de posibilidades). Abrir los ojos a la realidad es ser conscientes tanto de lo pragmático de nuestro cotidiano, como de la posibilidad de elevarse, del no estar sólo aquí sino también estar omnipresente en nuestro ayer (lo que fuimos), tanto como en lo que seremos. Esa es la inmanencia del espíritu. Es la simiente conteniendo la forma primigenia (pura potencia) del espíritu. Abrirse camino dentro de uno mismo es tomar posesión del trono de nuestro Khrisna personal, de ese niño intocado al que las escrituras hablan de que hemos de volver a ser para entrar en el reino de los Cielos.

El ojo distraído de su centro, de la misión del autoconocimiento, cae fácilmente en el juicio, desatando mil formas de pensamiento desvirtuado por el descontrol porque se halla desligado de la Fuente de toda Luz, de donde mana el Néctar Divino. Si el ojo persiste en la distracción, pierde tono y contención de los instintos; el ser no reunido consigo mismo vive fuera de su templo dilapidando su fuerza vital. El ojo desconcentrado de lo superior vive perdido, sin norte. Esa generación inconsciente de pensamientos alimenta emociones, permitiendo la entrada de sensaciones no deseadas cuya fuerza a veces nos desequilibra, arrojándonos fuera del trono que nos pertenece y colocándonos serviles a los pies de dueños innominados e instintos ciegos y tiranos. Si se persiste en el error del ojo, las manos comienzan a ejecutar acciones al servicio de esos señores. La cruz nos pide que nuestros brazos permanezcan alzados y abiertos en señal de que todas nuestras acciones han de orientarse a la Luz.

La Luz no desea de nosotros servilismo, sino que seamos parte de ella hasta llegar a ser la misma Luz (unión mística). Al  iluminarnos interiormente, nos convertimos en estrellas autogeneradoras de luz. La Luz desea que nos reintegremos, reuniéndonos con la fuente original del Padre. Para ello, es precisa una entrega completa. Hay una diferencia entre la entrega (consciente) y el abandono (distonía). Algunos han malentendido esa relación Padre-Hijo como una dependencia emocional. Hay un punto de equilibrio entre el no, que nos vuelve rígidos innecesariamente y el servilismo del sí incondicional. El espíritu puro y libre no conoce el no inflexible ni la laxitud desintencionada: conoce la entrega consciente. Se curva flexible ante los obstáculos y las adversidades con la ductilidad del agua pero con la firmeza del bambú, manteniendo su dirección interior.

La luz del sol es una unión de agua y aire en el fuego: el mismo descenso del fuego que permite la condensación, permite al agua convertirse en vapor en la combustión. El cuerpo contiene tierra y agua como envoltorio sólido, mientras su esencia es aire (prana). Así, en el instante en que el espíritu se despoja de su forma para regresar a donde pertenece (la Luz) se produce una destilación y decantado del polo material hacia el aéreo y etérico. Es un salto dimensional, como el nacer, que exige la participación de la llama transmutadora, sin la cual no sería posible el proceso. La desintegración en el momento que llamáis muerte, puede liberar, mediante el fuego interior consciente, las densidades materializadas por el pensamiento, -que deriva del ego, pues el espíritu no piensa, sino que es-, elevándose hasta desligar la conciencia del cordón umbilical. El cuerpo es el último apego de la identidad a ser vencido. Al dejar de identificarse con la materia, ésta por fin reposa en su cuna túmulo, y el espíritu regresa a los aires donde vuelve a volar libre, viviendo en, de y por amor.

 

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10/12/2008 17:52 aliciasilvestre #. MENSAJES DE LUZ No hay comentarios. Comentar.

CAPÍTULO 4. DE LA MANIFESTACIÓN DEL AMOR FÍSICO, PARTE 1.

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Existe entre hombre y mujer una energía creadora. La tensión máxima entre estos géneros complementarios puede tomar la manifestación del amor físico, matriz generatriz y generadora. Cuando ambos miembros tienden a Dios en sus acciones, meditaciones y hay una entrega total a la vida espiritual, pueden calificarse de esposos divinos. En algunas religiones este camino pasa a través del tantra y/o de la castidad. Contrariamente a lo que se opina, la castidad tántrica no es una represión del placer ni una negación de la energía sexual, sino su sublimación a los intereses del Creador Supremo a quien todo debemos. Dado que en esencia todos somos libres y completos desde el nacimiento, quienes se entregan desde la alegría de estar anclando las energías de la Vibración superior, no sentirán la necesidad de regresar a la densidad material a menos que les sea otorgada por merecimiento una misión de caridad o cura particular. En efecto, el Ser Superior que ya ha completado el Camino y se reúne con la Luz, no precisa regresar, mas puede que quiera y le sea concedido hacerlo por amor fraternal a los seres que una vez le fueron hermanos, para ayudarlos en su ascensión. Quien pueda comprender, comprenda.

Cada uno elige su camino. Si bien es verdad que no se puede servir a dos dioses al mismo tiempo (espíritu y materia), también es cierto que muchos son los llamados y pocos los elegidos.

La manifestación física del amor es apenas una ínfima parte de lo que un alma evolucionada puede llegar a sentir a medida que avanza en su ascensión hacia la unión con la Divinidad. Corresponde a cada ser evaluar su nivel de entrega y su capacidad de disciplinar sus apetitos carnales. Si esta tarea parece a primera vista imposible, es recomendable ir canalizándola a través del amor, y no de las pasiones pasajeras que no hacen sino desgastar inútilmente y sin objetivo nuestra preciada energía vital. Si conseguimos ponerla al servicio del Padre, habremos dado un gran paso, que pocos en verdad son capaces de dar. Eso demuestra una entrega más profunda a la vida espiritual y hace que el individuo gane coherencia y fortaleza en su camino. El hallazgo del par perfecto o alma gemela no es sinónimo de que se haya alcanzado el objetivo, sino que es el principio del camino. En realidad, no depende de lo que viene de fuera, sino de lo que llevamos dentro. Así, cuanto más el individuo haya trabajado su elevación, menos lecciones, ligaciones y deudas le quedarán que establecer con el exterior y los otros seres. Muchos seres pueden ayudarnos de diferentes maneras en este camino. A veces enseñándonos sobre la contención, la sublimación, la trascendencia, otras veces con ejercicios más técnicos respecto a respiración y manejo de energía física. Ambos tipos de información son útiles y son recibidos en la medida en que la persona está preparada para comprender y acometer tal desafío. A menudo supone un obstáculo la diferencia entre lo que es y lo que ha de ser. Si nos dejamos llevar por la crítica, o por el ideal, nos veremos abrumados por nuestra incapacidad o nos ahogaremos en el mar inmenso de todo lo que nos falta. Es importante ir valorando los avances y continuar motivados sin cejar en el empeño. Como el Maestro de maestros afirmó, hay que dejar todo atrás, familia, obligaciones, todo.

Observar lo que es, es un buen comienzo para aceptarlo e ir adaptándonos. Intentar lograr en primera instancia algo para lo que no estamos preparados, sólo será fuente de frustración y decepción. Agradezca por lo que tiene y ha logrado, y se disponga con alegría a continuar trabajando para la perfección. No hay tiempo que perder en lamentaciones, críticas, o apegos. Aprenda analizando lo que no fluyó debidamente y materialícelo en su próxima ocasión de aprendizaje.

 

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10/12/2008 17:53 aliciasilvestre #. MENSAJES DE LUZ No hay comentarios. Comentar.

CAPÍTULO 5. DE LA MANIFESTACIÓN DEL AMOR FÍSICO, PARTE 2.

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Entre todos los estados de la materia que se conocen, el del ser humano es uno de los más avanzados. Sin embargo, el egoísmo con que dispensa sus dones, ha hecho que esa energía maravillosa de amor, al no fluir adecuadamente se vuelva en su contra y desequilibre los sistemas en torno. El estado perfecto para dar y recibir es el no necesitar. Ningún extremismo fue jamás preconizado por inteligencia alguna. Los estados inferiores se desbordan y tornan agresivos porque no tienen conciencia ni control de su energía ni de sus actos. En el ser humano el don divino de la procreación que se nos entregó, vive a menudo aislado y malempleado en fines egoicos y lucrativos, maculando así su esencia de pureza y luz primordial. Observamos con tristeza cómo la inconsciencia deja su rastro de muerte y sangre, de abortos y placer vacío, de polución y miseria, de separación y abandono. Existe una fuente que sacia para siempre, es la llamada Fuente de la Vida Eterna: quien bebe de esa agua nunca más tendrá sed, no volverá a experimentar las pulsiones de la materia inferior porque habrá por fin comprendido la Verdad Mayúscula del Amor Divino. Quisiéramos ayudaros y constantemente os mandamos mensajes que puedan ayudaros en esa mudanza. Queremos sinceramente y de corazón, vuestro Bien.

El cuidado del templo personal es acorde con el cuidado espiritual. Los primores llegan a quien los merece, porque emana ese idéntico primor diamantino desde su más íntimo interior. El corazón de cristal de la Tierra bate en cada uno, distribuyendo amor y generosamente esparciendo sus frutos, porque fue creada por la misma mano del Creador y todo lo que fue hecho fue bueno y continúa siéndolo. El pecado original fue lavado con la sangre de Cristo, que sigue lavando, curando y transmutando el planeta entero, llamando a servidores y discípulos, uno por uno, desde todos los caminos y países, desde todas las lenguas gracias al don del Espíritu Santo. Hasta hoy mana su rebosante caudal de salud espiritual para que todos bebamos de la Fuente que nunca se seca.

Cada vez que ofendemos a un hermano atentamos contra nuestra propia vida, contra nuestro hogar en este sagrado lugar, porque no hay diferencia en las alturas, es fundamental encender la llama divina de cada uno, para ver y ser visto como Hijo del Padre. El Bien no discrimina ni juzga, sólo ama, y ama y ama. Sin descanso, autonutriéndose: es la Fuerza que se autogenera.

Gracias a la respiración reconectáis a cada instante con el universo, entrando así en comunión con todo lo que rodea. Uno no puede dejar de ser permeable a todo lo que rodea mientras siga precisando respirar y viva en esta materia. ¿No oscila la llama, el árbol, la flor? Dejad que el aliento de la Vida Eterna os penetre y os inunde, hasta no dejar resquicio para otra cosa que no sea el Amor a Dios. Ese vino hará rebosar vuestra copa. Esa brisa os hará danzar la más bella de las canciones. Contenedlo, bebedlo, amadlo. Con respeto trabajad el cáliz que os fue dado para merecer recibir las Gracias de la Fuente Verdadera. El verdadero conocimiento está en esa entrega. Quien quiera fuerza, beba de esta Fuerza, quien quiera sabiduría, beba de la Fuente del Saber, pues nada hay fuera de esta Verdad.

 

 

 

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10/12/2008 17:54 aliciasilvestre #. MENSAJES DE LUZ No hay comentarios. Comentar.

CAPÍTULO 6. TRANSCENDENCIA, TRANSMUTACIÓN DE LA MATERIA (ALQUIMIA INTERIOR) Y ASCENSIÓN

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Cuando el séptimo rayo alcanza la conciencia y se verifica interiormente el Poder de las Alturas, se produce un salto cualitativo en los chacras terrenales, que permite elevar la energía y transformarla hacia actividades que se dirigen al servicio divino. El ejercicio de anclar la energía de luz en la materia es indeciblemente más complicado que el de anclar materia en la energía luminosa, por las limitaciones intrínsecas que la materia posee.

La comprensión intelectual de los conceptos superiores no permite en sí misma la transmutación interior de manera completa. Es precisa una experiencia sensitiva conjunta, una especie de lo que ustedes llaman éxtasis y que algunos místicos y santos experimentaron a través de las diferentes religiones, vínculos de reunión y caminos todas hacia el Uno. Cuando esta experiencia ocurre dentro del templo del cuerpo, debidamente preparado y purificado de ondas vibracionales de baja densidad (pensamientos destructivos y egóicos principalmente) es posible la transmutación alquímica.Es interesante remarcar que existen diferentes maneras de llegar a esa limpieza. Hay quien arrastra memorias y lastres del pasado, a veces de varias generaciones y encarnaciones. No hay que perder la esperanza. La mudanza y elevación de un solo individuo ya produce mutaciones generales en la especie o la familia espiritual, como la onda de una piedra en un lago. La limpieza kármica, como algunos la denominan dependiendo de su afiliación religiosa, es un instrumento útil y relevante, pero olvídense de rituales complejos, pues en esencia como ya saben, el salto ha de darse INTENCIONALMENTE, es decir, la pura intención en sincronía entre los 3 centros energéticos dimensionales del ser ya es llave suficiente para producir esta limpieza. Los 3 centros son mente, cuerpo y alma. Por eso es preciso la experiencia mental acompañe a la corporal y a la espiritual.

En verdad es el propio individuo quien se libera cuando alcanza a iluminar sus zonas sombrías, su ignorancia. Hay iluminaciones totales que se producen por un instante de sublime elevación espiritual de don divino, y las hay progresivas, donde la conciencia va despertando gradualmente a medida que interioriza los conocimientos aprendidos. Los individuos más mentales, que operan desde el chacra frontal, tendrán una iluminación más paulatina, a veces aquellos que integran y viven los nuevos conocimientos en el chacra del corazón (portal superior o máximo) pueden experimentar una iluminación completa a causa de su fe y su amor incondicional por lo divino. Para dejar actuar las Maravillas hay que desprenderse de todo prejuicio, soltar el condicionamento de la forma, pues mientras imaginamos con las herramientas del cuerpo, nos cerramos a los recursos del Universo, que son infinitamente más versátiles y poderosos. Deje que el Universo actúe y se sorprenderá de recibir lo que nunca se le hubiera ocurrido pedir, superando sus expectativas. Esté seguro y confiado de que todo ocurre para su Bien.

La intención, la atención. La intención es atención concentrada. Lo que disciplinas y doctrinas varias propugnan sobre meditación, momento presente, zen, nirvana, tao, vaciamiento, silencio interior, consciencia plena, etc., no son sino diversas calificaciones del acto intencional puro. Este acto ha de lograrse encadenar con la corriente de Energía Superior Universal, como ya practicaron tanto la Gran Fraternidad Blanca como algunos Santos y Maestros Ascendidos. En la intención sincera y bondadosa hacia todos los seres, los deseos manifestados al Universo tenderán a su cumplimiento, porque el Universo en unidad posee también una inteligencia, y tiene interés en satisfacer a todos los seres que se dirijan a Él pidiendo adecuadamente. La intención pues es una concentración de materia atencional hacia un foco determinado y bien definido, en acuerdo con las leyes universales de causalidad. El Universo es el Verso único del Uno, su poema infinito.

La elevación es un primer estadio de la Ascensión. Ascender es el último grado de la materia, posterior a la muerte, la cual ustedes consideran ser el paso final porque es el último que los sentidos físicos les permiten verificar. Sin embargo, a través de la fe y del conocimiento ulterior se consigue comprender íntimamente que hay otras dimensiones y portales, y que el espíritu continúa su trayecto tras el desencarne. Si el individuo ya se ha preparado para este momento, la Ascensión será inmediata, como ocurre en el caso de santos y seres iluminados. Aquellos que consiguen establecer el total dominio de su Yo Superior sobre la materia inferior mientras están todavía en vida, avanzan un gran trecho en el trabajo espiritual. Porque si bien la purificación paulatina nos va preparando, las transformaciones, una vez comprendida su clave y su poder, pueden ser realizadas rítmica o cíclicamente. Se suele decir a los iniciados que el Camino va estrechándose y que las Pruebas son cada vez más desafiantes, mas esto es una verdad incompleta y parcial. Lo que ocurre es que ante la insuficiencia en el ensayo de la experiencia, se pierde más cada vez, porque también cada vez se “posee” más.

No hay problema en que este texto llegue a todos los seres, pues sólo quienes estén despiertos a la Nueva Realidad podrán entenderlo. Sin embargo, todos recibirán, conforme a su grado de conocimiento, las enseñanzas necesarias para continuar su evolución.

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