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Aliwen

TENGO UN NIÑO ALTAMENTE SENSIBLE

TENGO UN NIÑO ALTAMENTE SENSIBLE

Cuántas veces te han dicho: te tomas todo a la tremenda, que siempre te lo tomas como algo personal, o muy a pecho, eres tan exagerada, tan intensa, lo vives todo como si no hubiera mañana. Te aconsejan relativizar, no dramatizar… Así nos ven los demás. Y hay verdad en los dos lados. Lo que para unos es intenso, para los otros es soso. Soy una madre altamente sensible.

Te bastan tres indicios para calcular una tendencia, tres eventos que se repiten, o varias señales aisladas que al reunir proporcionan un escenario mayor. Tu sistema nervioso lo capta incluso sin que pongas atención ni intención. Lo graba todo en el subconsciente, y maneja toda esa información a la hora de tomar decisiones. Hablas de ello y te dicen que tus ideas son peregrinas, que de dónde te sacas eso. Te ven rara. Casi tanto como tú a ellos. Luego cuando la tendencia que previste llega a su desenlace y se verifica lo que predijiste, pero no vieron, ya no recuerdan tus palabras, pero tú sí. El mismo mundo es otro mundo para ti y para ellos. Cobra nuevas e infinita dimensiones a cada paso. Predictibilidades que solo quien capta los hilos invisibles podrá deducir.

Tú no te basas en los mismos principios, porque, desde que naciste, tu percepción ha sido otra. Un día comprendes que los demás no sienten como tú y eso no es bueno ni malo, simplemente es.

Ese niño al que llaman llorón, al que le cuesta más adaptarse a los cambios, que no entiende la violencia gratuita y que no es capaz de devolver el puñetazo que le pegan, no entiende por qué le insultan. No es capaz de devolverlo porque sabe que hiere, y no quiere herir, porque duplicaría su dolor, al sentir el propio y el ajeno. Sus neuronas espejo reaccionan más, es más empático, pero aún no lo sabe. Solo sabe que en el recreo prefiere solitario jugar con las semillas, lo que inconscientemente hace para buscar silencio y reequilibrar su sistema de las saturaciones. A veces al volver a casa se queja de que le duelen los oídos de tanta algarabía y jaleo y gritos. No es un ñoño. Prueba a estar escuchando gritos a alto volumen durante 8 horas y dime cómo te sientes. Suma a eso que los otros sentidos también están especialmente activos. No pasa por alto un olor, un gesto, un detalle nuevo. No elige hacerlo, su sistema nervioso es más reactivo a los estímulos. Y luego todo eso es procesado con más profundidad. Ese niño creativo y vivaz, intuitivo y emocional, queremos que preserve su maravillosa sensibilidad y la respete en sí y en los otros, cuando sea adulto.

Cómo hacerle entender a ese profesor que cada omisión es llevada en cuenta. Que cada ofensa en un niño con alta sensibilidad es un arañazo que tardará en curarse más que en otro niño, y que quedará registrado en la memoria, activa y pasiva, creando un conjunto del que la mente extraerá estadísticas. Le diré que también se beneficia más de los impactos positivos y los reconocimientos. Que de todos los que sufren traumas, es el que tiene más posibilidades de recuperación en el ambiente adecuado. Le diré que hay niños que abundan, como el diente de león, y otros escasos como la orquídea, que exigen otras condiciones ambientales para llegar a florecer y darnos toda su hermosura. Que si tres le llaman tonto puede llegar a pensar que lo es. Que es necesario castigar a los que insultan, tenga 6, 17 ó 29 años, porque no debiera haber ley que dejase pervivir la ofensa impune en el siglo XXI. Y es que si dejamos pasar tantas aberraciones en el nombre de una pacífica convivencia, lo que estamos haciendo es transigir y optar por la negligencia, omitirnos, escaquearnos a la responsabilidad de que todos los seres humanos sean respetados en su idiosincrasia. Cuántas veces se nos repite aquello de no hacer al otro lo que no nos gustarían que nos hicieran… pero siguen bombardeándonos con música de pésima calidad desde sus altavoces, como si creyesen que todo el mundo tiene sus mismos gustos. Solo la falta de sensibilidad, de respeto, de cultura, hace que los individuos tengan conductas agresivas o desconsideradas. No hay peor ignorancia que la que cree que todos somos iguales. Lo somos solo ante la ley.

La profesora me dice que tiene 24 alumnos, y que en una ronda en que todos han hablado no puede esperar a que este niño diga las dos palabras que le faltan para ser igual al resto. No tiene en cuenta que la autoestima se verá afectada porque no solo sentirá que ha respondido dos menos, sino que además sentirá el rechazo de la profesora, llorará de frustración y le llamaran de nuevo llorón. Se sentirá injustamente tratado. Con suerte habrá algún adulto en quien pueda confiar. Si  no, la escuela se convertirá en una lenta tortura, un campo de batalla, y aprenderá que el ser humano hace daño más veces de las que beneficia. Preferirá aislarse y le llamarán solitario. Tal vez para muchos esto sea una nimiedad. Pero para él no lo es.

Yo lo que pido es solo un poco más de humanidad, porque esos minutos perdidos en esperarle a que diga las dos palabras que faltan le harán sentir escuchado, aceptado, respetado e integrado. Esos dos minutos le darán autoestima porque no estará siendo menos que los otros, sino apenas igual, dando sus cuatro palabras, a su tiempo. Esos dos minutos no van a causar un atraso en el programa, porque estaremos enseñando a todo el grupo a esperar y respetar, con nuestro propio ejemplo.

Ese niño dice que los profes solo atienden a los que se portan mal, y que él que se porta bien es como invisible. Espero que no llegue a interiorizar eso como una verdad, y acabe portándose mal para captar la atención que merece. Por cada crítica debemos entre cinco y ocho elogios, dicen. La cuenta dista de estar pareja.

Conozco, puedo imaginar el desafío de enseñar a un grupo tan grande y heterogéneo. No lo pongo en duda. Le diré que si ama su trabajo y es capaz, profesional, encontrará la manera de gestionar esa pequeña multitud y no acabar ronca. La autoridad no precisa gritar. Se pierde gritando. No digo que yo sabría hacerlo mejor, solo que siento lo que ese niño siente, y como muchos otros, sueño con una educación que posea una mirada transformadora, paciente y considerada, capaz de ver el bien y la esperanza en donde otros solo ven trastorno medicables o casos sin salida. Para mí hay soluciones. Siempre.

Por eso me gusta soñar con que en el futuro la sensibilidad será apreciada, no solo tenida en cuenta, sino también cultivada y protegida como un valor humano. Me gusta pensar que las personas altamente sensibles son como mariposas, aparentemente frágiles, pero que contienen el saber de la transformación y el renacimiento. Y que su batir de alas, aparentemente insignificante, puede desatar un huracán en otra parte del mundo, quizá.

4 comentarios

María del mar -

Me sentí identificada. ..como madre de una NAS.Pero con la suerte de que en el colegio es tan comprendida, querida y respetada que parece que lo llevamos mejor... pero aveces tanta empatia la desborda. Gracias a todos por enseñale al mundo este rasgo tan especial que, bien gestionado puede llegar a ser bien bonito.

Yo -

Cuantas verdades! me he emocionado porque me he visto reflejada en el texto, he vuelto a experimentar mientras lo leía lo mal que me sentía y.... Aún me siento; sobre todo cuanto mi hijo se siente así, y yo por más q lo intento no puedo evitarlo 😭 q cruel puede ser este mundo

Andrea -

Es tan necesario poner sobre la mesa esta información... MUCHAS GRACIAS. Yo también he sido esa niña y tengo la grandísima intuición que un NAS apoyado y entendido y QUERIDO en su entorno florece hermosamente y puede cambiar el mundo... ojalá en un futuro próximo se conozca y valore esto, pienso que es una herramienta muy potente para transformar la sociedad

Clara -

Pero qué maravilla... Si este texto no tiene comentarios es porque nos has dejado sin palabras.

GRACIAS y ENHORABUENA.

No creo que sea la única en sentirlo o pensarlo, pero quería decirlo en voz alta, y es que palabra por palabra es como si te hubieses metido en mi querida cabeza y le hubieses dado voz a todos esos sentimientos de una manera tan real, tan cómplice y ordenada a la vez.

Yo fui esa niña, aunque no sentí un aislamiento sí que me notaba "un poco diferente"... La poca tolerancia a la violencia y la gran empatía me ha "perseguido" toda la vida. El aislamiento lo he notado con los años, por protegerme y para entenderme y acallar todas esas voces que te dicen como se supone que deberías ser.

Es algo que he tardado en aceptar y en ver como algo maravilloso. Me gusta no encajar en un sitio que no acaba de gustarme e ir conformando el mio/nuestro propio.

Leer a otros me ha ayudado en el camino y tú me has sacado una gran sonrisa :)

¡Viva lo intenso!

Un fuerte abrazo,
Clara.